La discapacidad puede llegar en cualquier momento. La inclusión debe existir siempre.

Cuando pensamos en discapacidad, muchas personas la asocian únicamente con el nacimiento o con condiciones congénitas. Sin embargo, la realidad es mucho más amplia. La discapacidad puede estar presente antes de nacer, durante el nacimiento, aparecer en la infancia, como consecuencia de una enfermedad, un accidente o simplemente como parte del proceso natural de envejecimiento.

En México hay cerca de 5.2 millones de personas adultas (de 20 años en adelante) que viven con alguna discapacidad severa. Aunque el INEGI no cuenta con un censo que clasifique únicamente la «discapacidad adquirida» frente a la congénita, se estima que hasta el 60% de las discapacidades en el país son adquiridas a lo largo de la vida por enfermedades, accidentes o, en algunos casos, envejecimiento.

En otras palabras, la discapacidad no es una condición exclusiva de un pequeño grupo de personas. Es una posibilidad que forma parte de la experiencia humana.

Esta idea puede parecer incómoda, pero también tiene el poder de transformar la forma en que entendemos la inclusión. Porque cuando dejamos de pensar en un «ellos» y comenzamos a pensar en un «nosotros», comprendemos que construir una sociedad accesible beneficia a todos.

En Sit and Move convivimos diariamente con familias que enfrentan un diagnóstico desde los primeros meses de vida, con personas que después de un accidente o un diagnóstico en edad madura deben acostumbrarse a un nuevo estilo de vida que implica incluso un duelo psicológico, y también con algunas situaciones de adultos mayores, que, sin necesariamente presentar una discapacidad, su movilidad cambia con el paso de los años y presentan nuevas necesidades.

 Aunque las historias son diferentes, todas tienen algo en común: nadie eligió vivir esa situación, pero todos merecen seguir viviendo con dignidad, autonomía y oportunidades. Un factor que comúnmente limita suele ser el entorno: la falta de accesibilidad, la desinformación, los prejuicios o la ausencia de herramientas adecuadas. Una rampa inexistente, una silla de ruedas mal adaptada o una sociedad que excluye pueden convertirse en obstáculos igual de grandes que la propia condición física.

Por eso es tan importante cambiar nuestra perspectiva. La inclusión no debe construirse por lástima, sino por conciencia. No se trata de hacer favores, sino de reconocer derechos. Todos, en algún momento de nuestra vida, podemos necesitar apoyo, tecnología asistiva, rehabilitación o simplemente un entorno que nos permita participar en igualdad de condiciones.

La buena noticia es que hoy existen soluciones que mejoran significativamente la calidad de vida. Desde sillas neurológicas pediátricas y sistemas de posicionamiento hasta scooters de movilidad y equipos para adultos mayores, los equipos de movilidad permiten que miles de personas estudien, trabajen, convivan con sus familias y disfruten de una mayor independencia. Pero estos equipos son solo una parte del camino. La verdadera inclusión comienza cuando como sociedad entendemos que la accesibilidad no es un lujo, sino una necesidad.

Quizá la reflexión más importante sea esta: nadie es inmune. La discapacidad puede tocar la puerta de cualquier hogar y en cualquier etapa de la vida. Comprenderlo no debe generar miedo, sino empatía.

En Sit and Move creemos que la movilidad es mucho más que desplazarse de un lugar a otro. Es la posibilidad de participar, aprender, convivir y vivir con plenitud. Y esa oportunidad debería estar al alcance de todas las personas, sin importar cuándo o cómo haya llegado la discapacidad.