Cuando hablamos de envejecer, es común pensar que perder movilidad es una consecuencia inevitable del paso del tiempo. Caminar más despacio, cansarse con mayor facilidad o necesitar apoyo para recorrer ciertas distancias pueden parecer cambios que simplemente debemos aceptar.
Pero envejecer no significa dejar de moverse.
La movilidad es una parte fundamental de la autonomía, la participación y la calidad de vida. Poder levantarse, caminar, salir de casa, visitar a la familia, hacer compras o simplemente disfrutar de un paseo no son actividades menores: son formas de mantener vínculos, tomar decisiones y continuar participando activamente en nuestro entorno.
La movilidad también es un reto del envejecimiento
Esto no significa que todas las personas mayores tengan una discapacidad ni que envejecer implique necesariamente perder la movilidad. Sin embargo, sí existe una relación importante entre el envejecimiento y la aparición de dificultades funcionales.
Con el paso de los años pueden acumularse cambios relacionados con la fuerza muscular, el equilibrio, la resistencia, la visión o distintas condiciones de salud. La propia Organización Mundial de la Salud señala que las personas mayores presentan las tasas más elevadas de dificultades de movilidad, asociadas, entre otros factores, a la fragilidad y a la acumulación de enfermedades, lesiones y otros problemas de salud a lo largo de la vida.
Por eso, cuando una persona comienza a tener dificultades para caminar, la pregunta no debería ser únicamente «¿puede caminar?», sino también: ¿qué necesita para seguir participando en su vida cotidiana?
Movilidad no significa solamente caminar
Existe una idea muy arraigada de que utilizar un dispositivo de movilidad significa haber perdido independencia. En realidad, puede suceder exactamente lo contrario.
Un bastón, un andador, un scooter o una silla de ruedas eléctrica pueden ser herramientas que permitan conservarla.
Imaginemos a una persona mayor que todavía puede caminar dentro de su casa, pero que después de algunos minutos comienza a sentir fatiga. Tal vez puede desplazarse por una tienda pequeña, pero no recorrer un supermercado completo. Quizá puede caminar hasta la entrada de un parque, pero no atravesarlo para llegar a donde quiere estar.
En estos casos, la movilidad asistida no necesariamente sustituye las capacidades que la persona conserva. Puede complementarlas.
La tecnología de apoyo tiene precisamente esa finalidad: ayudar a mantener o mejorar la capacidad funcional y favorecer la autonomía, la seguridad y la participación.
El objetivo no es moverse menos, sino poder llegar más lejos
Un error frecuente es pensar que una persona que utiliza un scooter o una silla eléctrica necesariamente está «dejando de caminar». En realidad, puede ocurrir lo contrario.
Si una persona utiliza sus capacidades para caminar dentro de casa y utiliza un equipo de movilidad para salir, recorrer distancias mayores o conservar su energía, está utilizando diferentes herramientas para adaptarse a sus necesidades.
La movilidad asistida puede abrir posibilidades: acudir a una cita, visitar a los nietos, ir de compras, pasear por un parque, asistir a una reunión o simplemente salir de casa sin depender constantemente de otra persona.
Por supuesto, no todos los equipos son adecuados para todas las personas. La elección debe considerar aspectos como la capacidad física y cognitiva, el equilibrio, la postura, el entorno donde se utilizará el equipo, las distancias que se desean recorrer y el nivel de independencia que se busca conservar.
La movilidad como una herramienta para seguir participando
Hablar de movilidad en las personas mayores no debería centrarse exclusivamente en las limitaciones que aparecen con la edad. También debemos hablar de posibilidades.
Porque detrás de cada recorrido hay una actividad. Detrás de cada salida hay una experiencia. Y detrás de cada oportunidad de desplazarse de manera independiente existe la posibilidad de continuar tomando decisiones sobre la propia vida.
En Sit and Move creemos que la movilidad no se trata solamente de trasladarse de un punto A a un punto B. Se trata de conservar la libertad de decidir hacia dónde queremos ir.
Por eso, cuando caminar deja de ser suficiente para cubrir todas las necesidades de una persona, contar con un scooter o una silla eléctrica adecuadamente seleccionados puede representar mucho más que una ayuda para desplazarse: puede ser una herramienta para recuperar distancias, mantener relaciones, participar en la comunidad y seguir disfrutando de la vida.
Porque envejecer no debería significar detenerse. A veces, avanzar significa encontrar una nueva manera de moverse.