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La espina bífida es un desarrollo incompleto de la medula espinal, las meninges y/o vertebras, que impiden que la columna se cierre completamente. En estos casos, en el momento del parto o la extracción del bebé, este sufre graves daños que podrían ocasionar discapacidad motora, hidrocefalia, daños neurológicos, parálisis e incontinencia. Este tipo de problema se ha vuelto tan común que se estima que la espina bífida es la segunda causa de discapacidad durante la infancia.

Tipos de espina bífida existentes:

Existen tres tipos de espina bífida que puede desarrollar un feto. Todas tienen que ver con el cierre del tubo neural que es el que recubre la columna vertebral y todo el sistema nervioso central del bebé. Los tres tipos son:

  • Espina bífida oculta: Implica un pequeño defecto en la formación de una vértebra y no genera ningún tipo de síntoma en el paciente. Es más, muchas personas pueden tener está patología, pero aún no la han descubierto porque es necesaria una placa de rayos x para detectarla.
  • Espina bífida meningocele: Se trata de una especie de saco de tejido que sobresale de la columna vertebral y contiene en su interior membranas de la capa protectora de la médula espinal y líquido cefalorraquídeo. En este caso la persona si evidencia cierto tipo de limitaciones en su desarrollo.
  • Espina bífida mielomeningocele: Es el caso más grave, aquí la bolsa o quiste contiene tejido y líquido cerebroespinal y también parte de los nervios.

 

¿Cómo se trata la espina bífida?

A día de hoy, la espina bífida no puede curarse, aunque sí se pueden minimizar las consecuencias de la malformación y mejorar la calidad de vida del niño.

El primer paso es el cierre quirúrgico del defecto, no para restaurar el déficit neurológico (no se puede), sino para prevenir la infección del tejido nervioso y proteger a la médula, que está expuesta.

La operación suele realizarse unos días después del nacimiento del bebé, pero se ha demostrado que la cirugía prenatal reduce el riesgo de desarrollar discapacidades motoras e intelectuales.

¿Se puede prevenir?

Se recomienda que las mujeres en edad fértil consuman 0,4 miligramos de ácido fólico al menos tres meses antes de quedar embarazadas y durante el primer trimestre del embarazo. De esta forma, se reduce hasta en un 70 % las posibilidades de que el niño nazca con espina bífida.

Las mujeres con antecedentes familiares de algún tipo de defecto del tubo neural o que ya han tenido un bebé con esta malformación, deben tomar de ácido fólico a partir de los tres meses antes de quedar embarazadas, y durante los primeros tres meses de la gestación.

Es importante que tanto hombres como mujeres que intentan tener hijos, cuiden su salud, reduzcan la exposición a sustancias tóxicas, eviten carencias nutricionales y la ingesta de fármacos sin receta médica.

Los hombres también deberían tomar pequeñas cantidades de ácido fólico al menos tres meses antes de comenzar a buscar un embarazo, ya que la biología del niño depende del hombre en un 50% y está demostrado que el riesgo de mal formación disminuye si ingiere este suplemento.